¿Cómo llamar a ese momento en el que no busco estar encima, debajo, o al lado izquierdo de tu cama, ese lapso de tiempo en el que contemplo tu cuerpo dormido, la suave línea de tus comisuras o la rítmica cadencia de tu respiración apaciguando mis instintos?.
¿Cómo calificar esa frenética lucha interior que exige despertarte con urgencia y calibrar con manos y lengua cada centímetro de tu epidermis y, pese a todo, uno permanece contemplando el salvaje y pacífico panorama que tiene ante sí?
No lo llamaría majestuoso, ni sublime, ni siquiera me atrevería a calificarlo de fascinante.
Es mucho más sencillo: "Breve".
Cinco letras que retratan ese efímero sosiego.
¿Cómo calificar esa frenética lucha interior que exige despertarte con urgencia y calibrar con manos y lengua cada centímetro de tu epidermis y, pese a todo, uno permanece contemplando el salvaje y pacífico panorama que tiene ante sí?
No lo llamaría majestuoso, ni sublime, ni siquiera me atrevería a calificarlo de fascinante.
Es mucho más sencillo: "Breve".
Cinco letras que retratan ese efímero sosiego.

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